El ombligo del mundo, 18 de febrero de 2006.
La magia, el misterio y por ende, las leyendas, empapan la historia de una de las islas más enigmáticas del Océano Pacífico: Rapa Nui, más conocida como Isla de Pascua. Según la mitología, los primeros colonizadores fueron un centenar de personas provenientes de islas polinésicas cercanas.
En concreto, la tradición oral rapanui cuenta que el Ariki (rey) Hotu-Matu’a, de la legendaria tierra maorí de Hiva, envió a siete jóvenes exploradores en busca de la lejana isla llamada Te pito o te kainga, que significa ombligo o punto extremo de la matriz y que fue su nombre originario. Una isla que, según la visión del anciano consejero y vidente del rey, se encontraba en medio del océano, navegando hacia el interior del sol.
La isla mantuvo este nombre hasta 1722. En esta fecha, fue descubierta por un navegante de origen holandés, Jacob Roggeveen, quien la rebautizó con el nombre de Isla de Pascua, por haber sido descubierta el día de la Pascua de Resurrección. Varios años más tarde, en concreto en 1770, los españoles tomaron posesión de Rapa Nui en nombre del rey Carlos III y un siglo más tarde, en 1888, el Gobierno de Chile declaró la isla de su propiedad.
Pascua es una isla de origen volcánico y forma triangular, de 180 kilómetros cuadrados, y una población de 3.800 habitantes. Está situada a 3.760 kilómetros de la costa de Chile y su capital es Hanga Roa. El clima es muy agradable, con un promedio de 20 grados centígrados y con lluvias durante todo el año. Precisamente, las condiciones climáticas permiten el cultivo de tabaco, papaya, caña de azúcar, mangos y el plátano. No obstante, su principal fuente de alimentación y riqueza proviene de la pesca, especialmente de la captura de langostas.
Moais, esculturas llenas de magia;
Los encantos y atractivos de Rapa Nui son muy numerosos. Especialmente famosos son los moais, seña de identidad de la isla envueltas en una gran aureola de misterio. Se trata de colosales efigies con cabeza, nariz y orejas, esculpidas sobre piedras volcánicas y ubicadas sobre los altares dedicados a los dioses y ancestros a los que representaban. Allí, el rey presidía un ritual en el que se investía al moai de un poder capaz de proteger al linaje y a la isla. Se calcula la existencia de un millar de estas esculturas repartidas por toda la isla, de las cuales cerca de 400 se encuentran abandonadas. Su peso oscila entre ocho y doce toneladas, mientras que la altura varía entre los dos y diez metros.
La mayor parte de los moai se encuentra dentro del Parque Nacional Rapa Nui, declarado Sitio de Patrimonio Mundial en 1995 por la Unesco. Dentro de sus límites se encuentra la mayoría de las manifestaciones escultóricas y arquitectónicas del pueblo Rapa Nui. Un verdadero museo al aire libre. La Isla de Pascua invita al viajero al relax. Lo más típico es recorrer la isla a caballo o dando un paseo por los caminos de los antigos indígenas, así como bañarse en alguna de sus playas de arenas blancas y aguas cristalinas. Hanga Roa, Anakena o La Perousse son las más famosas.